Microcréditos: Dinero rápido, sin preguntas… pero con intereses abusivos.

 

Seguramente todos hemos pasado por algún momento de necesidad económica, en el que nos vemos obligados a recurrir a fuentes de dinero externas.

 

Ahí entra en acción “el microcrédito”, que es igual que un crédito convencional pero de menor cantidad, muchas veces sin garantía y con intereses muy altos.

 

Con una llamada. O un SMS. O simplemente online. Casi como tú quieras. Es dinero rápido. Y sin preguntas. No hacen falta avales, ni presentar una nómina, ni nada de nada… sólo hay que tener un DNI, un número de cuenta y un móvil. Y esperar el ingreso del dinero. Todo el mismo día. Hasta en 15 minutos, prometen algunos.

 

A priori todo parece muy idílico, pero, ¿qué ocurre si llegado el día en el que debes hacer frente al pago, no puedes?. Ahí empiezas a conocer la letra pequeña del contrato que has suscrito y que la mayoría de casos el usuario desconoce.

 

  • Intereses elevadísimos.
  • Comisión de penalización en el caso de que no hagas frente a la deuda.
  • Intereses de demora elevadísimos por cada dia que pase.
  • Riesgo de inclusión en el registro de morosos.
  • Posible venta de la deuda a una empresa de recobro.

 

Al final, si has pedido un préstamos de 300 euros a pagar a 30 días, puede que transcurridos dos meses, te veas haciendo frente a más del doble de la cantidad que recibiste.

 

Pero, es legal?

 

Supongo que si estas leyendo esto, estás en una situación similar o puede que simplemente te estés informando.

 

En Legal Consumers queremos ayudarte a prevenir esta situación y que sepas cómo hacerle frente.

 

Lo primero que debes saber es que, muchas de las veces los intereses son desproporcionados y no se ajustan a los parámetros legales permitidos. Puede que incluso las cláusulas que has firmado sean abusivas y los intereses pueden calificarse de usurarios.

 

Pero tranquil@, hay herramientas legales que te protegen de estos abusos. Y desde ahora vas a conocerlas.

 

Primeramente, vamos a comenzar desde lo más alto, desde la legislación europea. Que obliga a los jueces nacionales a dejar sin efecto la cláusula contractual que sea declarada abusiva. ¿Que no te lo crees? ¡Echa un vistazo aquí!

 

Además, en nuestro propio ordenamiento tenemos instrumentos que nos permiten evitar situaciones de desequilibrio entre las partes.

La Ley de Represión de la Usura, es una de ellas, y en su artículo 1 nos dice:

será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso o en condiciones tales que resulte aquél leonino, habiendo motivos para estimar que ha sido aceptado por el prestatario a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales”.

 

Pero además, el artículo 3 de esta misma ley, que lo llamamos como refuerzo dice:

“Declarada con arreglo a esta ley la nulidad de un contrato, el prestatario estará obligado a entregar tan sólo la suma recibida; y si hubiera satisfecho parte de aquélla y los intereses vencidos, el prestamista devolverá al prestatario lo que, tomando en cuenta el total de lo percibido, exceda del capital prestado.”

 

El Tribunal Supremo, ha interpretado que no es necesario que concurran los dos supuestos que se regulan en el artículo 1º de la misma, sino que basta con que se dé uno de ellos. Así, será bastante para considerar un préstamo como usurario aquel “que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso”.

 

Pero si quieres que profundicemos algo más, y que la información con la que te marches despues de aqui, sea más detallada y extensa, te voy a contar cómo el Tribunal Supremo ha establecido el proceso a través del cual llegaremos a valorar si una operación es o no usuraria, es decir, abusiva:

“El interés con el que ha de realizarse la comparación es el “normal del dinero”. No se trata, por tanto, de compararlo con el interés legal del dinero, sino con el interés «normal o habitual, en concurrencia con las circunstancias del caso y la libertad existente en esta materia» (sentencia núm. 869/2001, de 2 de octubre). Para establecer lo que se considera “interés normal” puede acudirse a las estadísticas que publica el Banco de España, tomando como base la información que mensualmente tienen que facilitarle las entidades de crédito sobre los tipos de interés que aplican a diversas modalidades de operaciones activas y pasivas (créditos y préstamos personales hasta un año y hasta tres años, hipotecarios a más de tres años, cuentas corrientes, cuentas de ahorro, cesiones temporales, etc.)”

 

Ahora te han entrado ganas de saber, cual es el interés normal que establece el Banco de España. No te preocupes pensamos en ti, así que, pincha aquí.

 

Habiendo leído esto, ya te sientes más protegido, ¿verdad?, pero ahí no queda la cosa, porque si hablamos de protección que mejor que el  texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios que nos dice que, son abusivas las cláusulas  “que supongan la imposición de una indemnización desproporcionadamente alta al consumidor y usuario que no cumpla sus obligaciones”.

 

¡Vaya! seguramente entraste aquí desconsolad@ y te marches con un suspiro de esperanza, y nosotros nos alegramos por ello.

 

Muchas veces el miedo tan solo es producto de la desinformación. Que se combate precisamente con información valga la redundancia, por ello siempre nos gusta asesorar a nuestros clientes de la forma más detallada posible.

 

Pero, ¡no te marches aún! Nuestra ayuda no termina aquí, si estás en una situación parecida o quieres informarte más detalladamente, en Legal Consumers contamos con los profesionales especializados en el asunto, quienes te atenderán y realizarán un estudio personalizado ofreciendo un trato cercano.

 

No olvides que la primera consulta es gratuita y si decides contactar con nosotros, verás que nuestra profesionalidad, seriedad, experiencia y trato merecerán tu confianza.

 

(Este artículo es una colaboración entre Ismael Moreno Arce y Maria José Ponz Sebastiá)

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